52 fotografos en 52 semanas: Diane Arbus

Confieso que he tenido que andar un largo camino para comprender el trabajo de Diane Arbus. Al principio me resultaba chocante, pero en el sentido negativo de la palabra. Pero comprender el mundo en el que pasó sus días y el mío propio hicieron que comenzara a tomar conciencia de la grandeza y la valentía del trabajo de Arbus.

Ponte en situación: eres una mujer judía en los 50´s; con un hombre a tu lado con el que estás desde los 14 años; en un ambiente bastante hermético, con una niñez acomodada, limpia y consentida. Todo haría suponer que la vida de esta mujer no tenía demasiado caminos por recorrer, que aquellos preestablecidos. Pero cuando Arbus descubre que hay más realidades que la de su propia casa, es cuando estalla el genio creativo que conocemos. Viaja a los extremos de su propia realidad para fotografiar a la gente más extraña que se cruza en su camino. Y lo hace despojándolos de toda careta, maquillaje y belleza: es cruda realidad.

Sus retratos son expresivos como pocos, mostrándolos de una manera directa, sin concesiones ni retoques, sin intentar mostrar otra cosa que no sea lo que ve. Fue pionera en el uso del flash de relleno, el que usaba muchas veces para endurecer aún más (si cabe) a aquellos rostros de gente rota, disfuncional y rara. Su elección de temas nos muestra que estamos inmersos en nuestros propios mundos, ciegos a las realidades de otros. Y ella, Diane Arbus nos despierta del letargo con una cachetada sonora y dolorosa.

Después de una vida emocionalmente inestable, decide suicidarse en 1971. Howard Nemerow, escritor y hermano de Diane lo explica con palabras:

Para D-Muerta por su propia mano

Mi querida, me pregunto si antes del fin
pensaste en aquel juego de niños
al que seguramente jugaste, en el que
corres por encima del estrecho muro de un jardín
imaginando que es la cima de una montaña
con insondables precipicios a ambos lados
y cuando sentiste que perdías el equilibrio
saltaste, porque temías caer, y pensaste
sólo por un instante: Es ahora cuando muero.

Eso fue hace una vida. Ahora ya no estás,
te negaste a seguir jugando el juego de los adultos
en el que, manteniendo el equilibrio en la cima que corona la oscuridad
se sigue corriendo sin mirar abajo
y nunca se salta por temor a caer.

Sé valiente y descubre a una artista alejada de lo convencional.

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