52 fotografos en 52 semanas: Man Ray

Esta semana toca irnos casi a los comienzos de la fotografía con Man Ray. Aunque, en este caso, la fotografía es sólo un aspecto en su faceta profesional: Man Ray fue un artista completo, de los que prácticamente no quedan. No sólo ha tocado casi todos los géneros (de pequeño bailaba y cantaba; luego fue escultor, pintor, grabador; hizo películas, dibujos, diseños publicitarios y hasta moda); sino que ha participado en la fundación de dos de los principales movimientos artísticos del siglo XX: el dadaísmo y el surrealismo.

Ha experimentado como pocos en nuevos conceptos de expresión, buscando la «libertad y el placer» según sus propias palabras. De allí su obra, desconcertante, impactante y completamente Avant Garde. 

De este espíritu inquieto dan buena cuenta sus primeros experimentos fotográficos: los Rayographs (ya en 1921): imágenes fotográficas sacadas sin cámara (obtenidas con objetos expuestos sobre un papel fotosensible y luego revelado) y las solarizaciones.

Para 1925 era tan reconocido que la galería Pierre de París incluye a Man Ray en  la primera exposición surrealista.

En esta búsqueda de expresión, Man Ray se separa del Dadá para dar rienda al Surrealismo, poniendo en práctica en su obra los fundamentos filosóficos del movimiento:

  • La exploración del sueño y pérdida del conocimiento como una forma válida de la realidad,  inspirado por los escritos de Sigmund Freud.
  • La voluntad de representar imágenes de la sexualidad en forma perversa, escatológica; la decadencia y la violencia.
  • El deseo de empujar los límites de las conductas socialmente aceptables y tradiciones con el fin de descubrir el pensamiento puro y la naturaleza verdadera del artista.
  • La incorporación del azar y la espontaneidad.
  • Incluir lo misterioso, maravilloso, mitológico y lo irracional en un esfuerzo por hacer arte ambiguo y extraño.

Fundamentalmente, el surrealismo dio a los artistas permiso para expresar sus impulsos más básicos: el hambre, la sexualidad, la ira, el miedo, el temor, el éxtasis…

Como artistas, no deberíamos perder nunca un poco de esta sed de buscar nuevos caminos, de recorrer sobre los pasos ajenos pero darnos la libertad de explorar lo que no está aceptado, lo que parece imposible. Volver a las entrañas de esa fuerza que nos ha traído hasta aquí. Y volver a sentir la libertad de crear algo que, hasta ahora, nadie había hecho.

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