52 fotografos en 52 semanas: Phil Borges

Hace ya años, a finales de los 90´s, en Buenos Aires, me vi arrastrada a una exposición en una galería de arte, de esas que siempre traen lo más cool del momento. Y digo que me vi arrastrada, porque no tenía intención, ese fin de semana específico, que nadie me dijera qué era lo Cool de la semana. Pero eran los 90´s y eso era lo que se suponía que debía hacer.

Confieso que dejé bien claro que estaríamos unos instantes en esa expo para poder llegar a la siguiente inauguración (un bar de autor) a tiempo. Es que eran esos años en los que todo el mundo pretendía ser el centro de atención en los lugares indicados.

Recuerdo con especial claridad el momento mismo en que vi las fotos de mi «convidado» de hoy. Me quedé petrificada delante de una de sus reproducciones, con los ojos abiertos y el cerebro en cortocircuito. La gente que estaba conmigo promediaba la muestra y yo no podía pasar de esa primera imagen. Cuando llegaron y me dijeron que ya podíamos largarnos, no respondí nada: simplemente no podía.

-¿Qué pasa? ¿No te gusta la muestra?

-No, no es eso. Es que las fotos son… silenciosas.

Sí. Eso fue lo que dije. Y claro que las fotos son silenciosas, al menos en el literal sentido de la palabra.

Pero en las fotos de Phil Borges, ese silencio ocupa un lugar relevante. Eran una (o dos) personas y su entorno. Nada más. Simple y potente.

El tratamiento del color y la composición de sus fotos, muchas veces rompiendo las reglas aun más básicas, es lo que me llama más la atención. Sus sujetos, mirando fijamente hacia el lente y muchas veces en el centro exacto de la toma; solos, atrapados en su cotidianeidad.  Ajenos pero, por alguna razón, cercanos y empáticos.

No sé describir las fotos de Phil Borges. Lo que sí sé es que, cada vez que veo su trabajo, me produce ese silencio extraño, que logra que me aleje de mi entorno para quedar inmersa en otros mundos.

Puedes comprobarlo por tí mismo y contarme qué te dice su trabajo.

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