52 fotografos en 52 semanas: Robert Capa

-Este asunto de la fotografía, ¿es una buena forma de ganarse la vida?- preguntó

-¡No hables así! – replicó Besnyö – No es una profesión. Es una vocación.

-Eso no importa. ¿Es divertido?

-Sí, lo pasas muy bien.

No, Capa no estaba interesado en la fotografía. No lo había estado en su juventud en Budapest. Pero la necesidad de huir de su ciudad natal por problemas políticos, y la angustiante falta de dinero hicieron que se decantara por aquello que tuvo a la mano. Agradezco al destino que así hubiera sido. De otra manera, las fotos más relevantes de este siglo no habrían sido disparadas jamás. No sabríamos cómo se veía Omaha Beach una fría mañana de junio, o el rostro de muchos republicanos españoles. La historia gráfica de los principales conflictos del siglo de las grandes guerras no sería como es: apasionante, desgarradora y real.

Capa nos enseña que puedes estar sin haber estado nunca. Que una buena foto es la que cuenta la historia, o ayuda a recordarla. Que si eres bueno en algo, le debes a este mundo llevarlo hasta las últimas consecuencias… esas que lo encontraron cara a cara con una bomba antipersona en Vietman.

No basta con tener talento. También tienes que ser húngaro.

No… tienes que ser Capa: El húngaro que se inventó a sí mismo.

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