Mirando el 15 de octubre

Cosas como las del pasado 15 de octubre hubieran sido imposibles hace 100 años. O 50. O apenas hace 20.

Imagino las risas y el desconcierto de quienes, allá por 1968, leyeran en las páginas de McLuhan esto de la Aldea Global. Pero ahora nos resulta normal. Viajamos con nuestras cámaras a todas partes, esas cámaras de fotos compactas que llevan consigo un móvil incorporado (y no a la inversa), que nos permite decirle al mundo qué vemos y dónde. Y todo en tiempo real.

La globalización de nuestra aldea no es nuevo, claro que no. Los mercados operan globalmente desde hace mucho: Algunos recordaremos algunas crisis con efectos mundiales, como el Efecto Tequila de México en el 94 o el Efecto Tango de 2001.

Pero lo que ha cambiado en estos años es la participación ciudadana en cuanto a la organización instantánea de su respuesta. Ya no tenemos que esperar que nadie nos cuente cuáles son las noticias importantes; qué significan y cuáles son las repercusiones en nuestras vidas. Ahora somos nosotros los que salimos a la calle, organizados, para contar a nuestros pares lo que pasa alrededor, para convocarlos allí donde suceden las cosas. Y luego lo mostramos sin filtros y sin intermediarios. Ya hablaremos en otro momento cuál debería ser la responsabilidad contraída al momento de contarle al mundo qué sucede. Pero eso lo dejamos para las cátedras del «nuevo periodismo ciudadano»

El 15 de Octubre tuvo lugar una de las manifestaciones globales más importantes que recuerde: concentraciones all over he world, en 951 ciudades, para mostrar una única respuesta. Fotos y vídeos hechos y compartidos por personas. Como tú y como yo. Y eso es lo más alentador de estos tiempos.

Porque esta dinámica imparable y vertiginosa que nos guía en las últimas décadas no sólo sirve para que no seamos capaces de estar 5 minutos quietos, concentrados en algo que tenemos delante de nuestras narices. Esta dinámica nos ha llevado a donde estamos hoy: a ser parte, a estar allí donde suceden las cosas, sean a nuestro lado o a miles de kilómetros. Porque puedo saber, aquí y ahora, cómo han sido las manifestaciones en Roma o en Jakarta. Porque mis amigos de Buenos Aires pueden ver lo que he visto en Barcelona. Global, my friend.

Ahora,  nuestro compromiso debe ser estar, mostrar, participar. Con los medios a nuestro alcance. Con los ojos abiertos, el dedo en el obturador, las redes listas.

Y con el futuro en nuestro horizonte.

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