SOPA caliente

Te acuerdas cuando eras adolescente y nos pasábamos los cassettes de tus músicos preferidos (si eres de mi quinta)? Te acuerdas cuando compartías las últimas películas que habías visto y que tanto te habían gustado?

Yo sí. Y me acuerdo cuando le grabé a uno de mis mejores amigos una cinta cuando murió su padre, con la esperanza de levantarle el ánimo.

Ahora, en este tiempo, hay unos señores al otro lado del mundo que dicen que eso está mal, e intentan convencer a los de este lado de lo mismo, con la excusa pueril de estar velando por los derechos de aquellos músicos que sirvieron a mi amigo en momentos de tristeza.

Y no es que esos señores vayan a plantarse delante de un juez para que ponga remedio a esta situación. No. Lo harán ellos mismos.

Como ya estarás al tanto, tenemos sobre la mesa dos leyes: SOPA y Sinde (o lo que quede de ella), donde nos dicen que aquello que llevamos generaciones haciendo, ya no se puede. Que el libro que acabo de comprar lo tengo que leer en la intimidad de mi habitación, y si se lo quiero prestar a mi madre, porque supongo que le gustará a ella también, pues me convierto en un ser con un parche en el ojo.

Entonces llega el desacuerdo. Pero en estos tiempos, es global. Instantáneo.

Y muchos pensaron que sería buena idea parar las rotativas, a ver qué pasa.

Es una gota en el mar, lo sé. Pero pretendo ser la gota que orada la piedra.

Si quieres sumarte, para.

Mantente al tanto, de lo que pasó y pasará con este tema. Mientras tanto, la sección 52 fotógrafos en 52 semanas lo leerás el jueves. Feliz bloqueo!!

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