Zapatos, sujetadores y dos cámaras humeantes

Existen personas que han nacido para un trabajo concreto. Y dicho esto, seguro que te vienen a la cabeza los nombres de aquellos conocidos a los que aquel trabajo que hacen les viene como anillo al dedo.

Pero existimos algunos a los que los años nos moldean la profesión. O mejor dicho: con el paso de los años nos atrevemos a lanzarnos a un sueño que, aún en nuestra juventud, nos parecía arriesgado.

Hoy, si hoy me lo permitís, voy a hacer un poco de historia personal. Ya veréis por qué.

Desde hace muchos años tengo la convicción de que no basta con desearlo para que logremos lo que nos proponemos. Tampoco basta sólo con el trabajo duro. Necesitamos una conjunción de cosas para que funcione la magia. Mi paso por el Ballet clásico me ha enseñado eso. Necesitas trabajo duro (y mucho de eso), valor y aptitud. Sí, con P.  La frase: el ballet es 90% sudor y 10% inspiración, vale para comprenderlo.

Si algo que te gusta no se te da bien, pues cámbialo por algo que te guste y que sí se te de bien!

Descubrí que se me daba bien la comunicación. Al punto que he vivido de ella muchos años. La conjunción de estética y psicología me gustaba, por lo que comencé a asesorar a mis clientes. Previo esfuerzo, claro. Cinco años de facultad y un título universitario dan buena cuenta de ello. Mi 90% de sudor estaba cumplido. Y esta vez, tenía a mi favor el 10% de inspiración.

Como buena chica que tenía en casa unos 100 pares de zapatos, me incliné hacia la moda. Casi todas nuestras cuentas tenían que ver con el diseño de ropa y/o complementos. Ellos vendían prendas, y yo, imagen.

Pero el problema comienza cuando el cliente cree saber lo que quiere.  Y lo peor: cree saber lo que sus clientes quieren. Y no gracias a una buena investigación de mercado, no… sino por ósmosis. «llevo muchos años en esto: sé lo que mis clientes necesitan». Puede. Pero no por mucho tiempo. El mundo cambia y no puedes pretender que la mujer que te consumía en los ´70 tenga las mismas necesidades que la que te consume ahora, no?

Pues ahí estábamos nosotros, para decirle cómo son las mujeres ahora y qué tienes que hacer para que se decanten por tu marca y no por la del vecino. Y mi participación llegaba justo en ese momento: para llevar el qué hacia el cómo. Han sido años interesantes: producciones, grandes fotógrafos, bellísimas modelos… Pero lo mejor de todo: tu cliente pasando de un discreto número 14 en las listas, a un prometedor 3º puesto entre las marcas de su sector.

Hasta aquí, una historia de éxitos.

En el momento que decidir especializarme, tocó hincar los codos nuevamente. Esta vez, con una cámara pegada en el ojo y con una mochila llena de experiencia, aún antes de dedicarme profesionalmente a la fotografía. Ya tenía a mis espaldas muchas producciones, muchos problemas resueltos y bastante experiencia acumulada.

Pero los tiempos han cambiado. Y como he escuchado alguna vez a una editora: «si está en Internet, es gratis» (todo, salvo sus libros, claro…)

Es cuando muchas personas creen que han de pagar (o cobrar) sólo por las cosas que puedes tocar. Pero para que las cosas se puedan tocar, hubo antes quien ha dedicado horas a pensar. Y a esas horas, han sumado la experiencia de llevar al terreno de lo tangible algo que no lo era aún.

El mundo no sería lo que es, si algunos no se hubieran dedicado a pensar «que pasaría si…» y lo llevaran a cabo. Si no existiera quien conectara los puntos para ver qué hay en la meta.

Ahora, en mi presente, en el mío personal combinado con el momento en que me toca vivir, producir intangibles es como vender humo. En el amplio y negativo sentido de la expresión.

Pero no: no es humo. Digámoslo cuantas veces sea necesario. Eduquemos al soberano. Si tu médico te receta antibióticos, no le discutas: tómatelos. Es posible que en ello no te vaya la vida, pero hará que te cures más rápido.

Y si tu fotógrafo te dice que es mala idea que tu modelo se vista de verde para promocionar tu coche, por mucho que le combine con sus ojos, hazle caso. Créeme. Es posible que sepa más que tú.

Porque la experiencia no se adquiere por ósmosis. O acaso el talento de Mario Testino reside en su cámara?

O serás tú, querido cliente, el que sepa cómo iluminar a tu modelo para que se vea despampanante con tu nuevo sujetador de esta temporada? No? Eso pensaba…

Porque ser el feliz poseedor de la última reflex del mercado, no te convierte en Chase Jarvis (es más, he visto hacer instantáneas a Chase con una compacta que ya quisiera yo tener esa fotografía en mi Portfolio)

Dedícate a lo que sabes hacer. Trabaja en eso en lo que eres bueno. Y deja que el resto haga lo que está llamado a hacer.

Pero, por sobre todas las cosas, respeta el trabajo. El tuyo y el de otros…

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